Una de las grandes obras maestras de la escultura es La Piedad de Miguel Ángel. Esta estatua representa a María con el cadáver de Jesús en sus brazos. Cada vez que la veo, recuerdo que en Lucas 2:35, cuando Jesús tenía apenas 8 días de nacido, un hombre llamado Simeón le dijo a María: "En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma." Esa fue una profecía sobre cómo iba a ser para ella el dolor de ver morir a su hijo en las más crueles condiciones.
Recientemente pude ver un film que guarda muy poca similitud con ese texto bíblico, pero toca el tema del dolor de una manera impresionante: Pietà de Kim Ki Duk. Este perturbador film fue ganador del León de Oro, en el Festival de Venecia del pasado año. También fue objeto de las críticas más diversas, desde quienes lo consideraron magistral y digno de galardones, hasta quienes lo tacharon de desvarío grotesco y tremendista. Uno podría decir que en el fondo todos tenían algo de razón.
Pietà es un film muy violento, pero no de la manera que algunos de nosotros estamos acostumbrados. Se trata de una violencia que atraviesa el alma, por así decirlo. La historia de un hombre sin escrúpulos, totalmente insensible al dolor ajeno, con rasgos de psicópata. Se gana la vida cobrando deudas para un prestamista, golpeando y mutilando a los morosos para reclamar el dinero del seguro. De la nada aparece una mujer que lo sigue hasta su casa, se humilla ante él y le pide perdón por haberlo abandonado cuando era un bebé. Al principio, el hombre la rechaza y la maltrata, pero ella persiste como solo una madre puede perseverar en ganarse el afecto de su hijo, y lo logra. No solo eso, también logra cambiar su corazón, hacerlo sensible, vulnerable, compasivo.
Y acá la palabra clave en el desenlace del film es “vulnerable”. Ese hombre cruel e inhumano es transformado por el afecto maternal y ya no puede vivir como vivía antes. Su mundo da un giro, sus circunstancias se vuelven en su contra. Ahora es susceptible de ser objeto de venganzas. Ya no está solo, tiene a alguien a quien no quiere perder. Siente remordimientos por sus actos del pasado, teme sufrir las consecuencias de su antigua maldad, pero sobre todo le preocupa perder a aquella mujer, hasta hace poco desconocida, que entró en su vida para tocar su alma.
“Solo del sacrificio nace la verdad del corazón”. Así dice la imagen de los afiches de Pietà. En medio de un ambiente sórdido y lleno de miseria, se exponen afectos, temores y anhelos. El amor se manifiesta de muchas maneras, un regalo de cumpleaños, una comida especial, pero también la lágrima de una madre, el sacrificio de un padre, la actitud protectora ante las amenazas, la entrega de la propia vida. El verdadero corazón de cada quien se expone en el sufrimiento.
La violencia de esta película no está tanto en las acciones sino en la manera como la historia involucra emocionalmente al espectador para luego hacerlo padecer el mismo dolor de cada personaje. No es para todo público, definitivamente, puede ser demasiado incómoda, demasiado distinta a lo que deseamos ver. No es un entretenimiento para comer palomitas y beber Cocacola. Si eso es lo que uno busca, es mejor ir a ver un film de Hollywood con sus efectos especiales, pero superficial. Los hay más violentos, pero que no te obligan a pensar ni a exponer el alma.


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