8/6/13

Reencuentro con viejos amores

Justo en la época del año en que menos tiempo y energía tengo, se me ocurrió la brillante idea de rescatar mi amor por el cine. Bueno, no se me ocurrió así de la nada. Mas bien diría que fui seducida. La idea de ver una película lo bastante buena como para remover mis emociones resultó una tentación irresistible.

Me sugirieron un título, me describieron una sencilla historia de amor trágico, y eso fue suficiente para hacerme paralizar mis rutinas y entregarme a los encantos de un film asiático.

Dolls, de Takeshi Kitano, una bella película en muchos sentidos. Bella e impactante la escenografía, bellos los personajes, y asombrosamente conmovedora la historia. Mejor dicho, las historias. Se trata de tres relatos sutilmente entrelazados por detalles casuales. La historia principal es la de un joven llamado Matsumoto, quien por presiones familiares, abandona a su prometida Sawako para casarse con la hija de su jefe. El día de la boda se entera de que su ex, a quien aún amaba, había intentado quitarse la vida. Decide entonces enmendar su error y atarse, literalmente, a Sawako, o lo que quedaba de ella. Huye de su casa y emprende un viaje expiatorio, en el que lo abandona todo, excepto a quien nunca quiso abandonar...
La segunda historia, un anciano yakuza llamado Hiro se da cuenta de que sus días están contados, y su memoria lo lleva de vuelta con la mujer que amó, hace ya décadas. Decide ir a buscarla, y la encuentra, todavía bella. Ella había estado esperándolo, tal como se lo había jurado, ya sin esperanza de que él regresara, aunque con una determinación casi religiosa, todos los sábados a la hora del almuerzo, en el mismo lugar.
La tercera historia es la de Haruna, una cantante pop, y la rivalidad entre dos de sus admiradores. Un accidente aleja a la joven estrella de los escenarios, pero estos dos hombres perseverarán en su lucha por ganar su corazón. Por momentos se ve la sordidez de la envidia y los celos, pero también la intensidad del amor incondicional, fiel hasta las últimas consecuencias.

Sencilla y llena de símbolos, por momentos irreal, toca temas muy profundos: el amor, la muerte, las decisiones y sus consecuencias, la obsesión y el apego. Me dejó meditando acerca de la vida, de mis propios aciertos y errores. ¿Qué más puedo añadir? Si después de dos semanas todavía me siento conmovida hasta los huesos. Y sí, debo confesar que me puso triste, me confrontó. Pero creo que valió mucho la pena esos 114 minutos de terapia. A veces necesitamos que nos cuenten una fábula (o dos, o tres) para que podamos dejar salir las penas del subconsciente y liberarnos de ciertas cargas.
 

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