Nota mental: no confundir diversión con felicidad.
En nuestra cultura hay un enorme vacío que muchos quieren llenar a toda costa con entretenimientos de cualquier clase. Ok, frase muy larga. Lo que quiero decir es lo siguiente:
Morimos de hambre espiritual
Nos llenamos de comida chatarra espiritual
¡Y luego nos quejamos de porqué no somos felices!
Vamos al cine, vemos televisión hasta altas horas, siempre usamos audífonos porque no podemos estar sin música. Siempre estamos haciendo planes de vacaciones, paseos, fines de semana, y para eso necesitamos dinero, y por eso tenemos que trabajar más, y el tiempo no nos alcanza... Así se nos va la vida, de cansancio en cansancio.
Pero al que no se una a esa frenética carrera lo catalogan de rebelde, extraño, perezoso, conformista (o inconforme). ¿Quién está en lo correcto?
Mientras más lo pienso, más veo mi necesidad de detenerme y dejar de hacer cosas. No quiero entretenerme, sino disfrutar. Quiero estar sin hacer nada, sin gastar dinero en actividades recreativas, sin preocuparme por planificar mis horas de ocio. Eso es, para mí, la felicidad.
Me gusta la música, pero quiero silencio. Me gusta el cine, pero a veces prefiero mirar las nubes, o simplemente cerrar los ojos. Me gusta viajar, salir a pasear, pero disfruto quedarme en la casa, todo el día en pijamas. Me gusta salir con amigos, pero cuando estoy sola, puedo conocerme un poco mejor.
No quiero divertirme, sino ser feliz, nada más.

0 comentarios:
Publicar un comentario