7/7/13

Megatrón de arroz



La semana pasada vi I'm a Cyborg, But That's OK, comedia romántica surcoreana dirigida por Park Chan-wook. Una historia totalmente fuera de lo común, ingeniosa, profunda, con un humor fantasioso y agridulce. Cuenta la historia de Young-goon, una chica que es internada en una institución de salud mental a causa de lo que parecía un intento de suicidio. En realidad ella se creía robot y trataba de “recargarse” con electricidad. En el hospital psiquiátrico conoce al joven Il-soon, internado por sociopatía, cleptomanía y otros desórdenes mentales. Young-goon convence a Il-soon de robarle la compasión, ya que piensa que para cumplir su propósito de cyborg debe librarse de esos sentimientos que le impiden matar y destruir.
Una bella y descabellada película, a ratos es trágica, pero también muy poética. Trata acerca de la identidad y de las relaciones entre las personas, en un contexto en el que todo es llevado a la caricatura, y pone de relieve que todos tenemos esos mismos problemas sin darnos cuenta.
La disfruté de principio a fin, y es de ese tipo de películas llenas de detalles que pueden verse más de una vez. Me encantó su trama, la manera como cada personaje y su particular locura encajaban en la historia. Amé a Il-soon y la transformación que tuvo al conocer a Young-goon. Me identifiqué con la locura de Young-goon y su búsqueda de propósito en la vida.

Es precisamente esa búsqueda de identidad y de propósito lo que más me atrajo del film. Me puso a reflexionar acerca de los tortuosos caminos de la mente, de cómo nos conectamos con nuestras necesidades y deseos a través de ensueños, fábulas y metáforas, en algunos casos, de alucinaciones y pesadillas en otros. Ciertas verdades espirituales y emocionales son más fáciles de aceptar y entender cuando te las entregan en forma de parábola o de cuento. Somos seres racionales, dicen por ahí, pero también somos emocionales, y esas emociones se expresan de mil maneras. Pero cuando dejan de expresarse, igual buscan el modo de salir, invaden, incomodan y enloquecen a quien las reprime. Lo más sano que podemos hacer es sincerarnos y perdonarnos por las incoherencias de nuestros corazones.

…o en caso de emergencia, hacernos instalar un megatrón de arroz para alimentar el alma como es debido.


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