19/6/13

Desahogo

Tengo una tristeza densa y turbia, a mitad de camino entre el luto y la rabia. Me pregunto una y mil veces el porqué y cada respuesta que recibo me deja más insatisfecha que la anterior.
¡Cómo quisiera volver el tiempo atrás y fijarme más en los detalles! No sé si tendría la sensatez de cambiar ciertas cosas, pero al menos sabría dónde fue que tropecé. No quiero eludir mi responsabilidad, Dios sabe que lo único que quiero es hacer las cosas bien. Pero me siento tan vulnerable y herida que quisiera poder señalar para cualquier otro lado. Quisiera poder decir: "ahí está el problema", y acto seguido, salir huyendo en sentido contrario, tan rápido y tan lejos como pueda.

Mi pena es tan grande que me duele en todos los huesos, en el pecho, en la respiración. Mi estómago no tolera bocado y mi almohada riñe con mi cabeza. Pena, en todos sus sentidos, porque es pesar, dolor y vergüenza, todo junto. Necesito gritar, llorar a gritos, hasta que mis ojos se cansen y mi garganta no pueda más. Y escribir mucho, aunque con torpeza, no me importa, sacar esta amargura desde su raíz.

Apenas es miércoles, pero espero con ansias este largo fin de semana, y el otro, y el que le sigue. Aunque en el fondo, solo quisiera poder dormir por dos meses, y despertar en otro lugar, con la mente en blanco. Es tanto mi dolor, que debo parar de escribir, porque ya las làgrimas no me dejan ver nada.


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