13/6/13

"¿Cómo estás?" "¡Mal! ¿Y tú?"

Amistad. Todo el mundo habla de ella pero nadie parece conocerla de primera mano. No parece que alguien entendiera de qué se trata. Somos superficiales, nos saludamos con las mismas frases, hola que tal, como te va, muy bien, todo bien. Pero nadie dice la verdad sobre su vida.
Recuerdo cuando te saludaba: “Hola, ¿cómo estás?”. Tú seguías de largo, mirando para otro lado. Yo te buscaba, te repetía mi saludo y mi pregunta, y tú me respondías. No con otro saludo: “Bien, ¿y tú?”, como el resto de nosotros. Sino con la verdad. Y te entiendo, tenías razón. ¿Por qué la gente pregunta cómo estás, si no les interesa saberlo? No hacía falta que te quejaras tanto, pero te lo agradezco.
Amistad. Sinceridad. Confianza. La gente idolatra esas palabras, pero no vive esos conceptos. Son como elementos decorativos para colocar en tarjetas y que se vean bonitos. Algunos dicen que la confianza apesta, pero lo que apesta es la idolatría de la falsa confianza. La otra, la desconocida confianza real y profunda, pocos saben a qué huele.
Te quejabas de todo y de todos, y yo te escuchaba sin cuestionar, sin tratar de disuadirte o corregirte. Pero es porque tu sinceridad no era nada común. La gente es superficial, nadie dice lo que piensa ni lo que siente, y cuando lo hace, es de mala manera. No es que tú fueras tan amable, de hecho, siempre fuiste odioso, antipático y difícil de tratar. Pero eras sincero, y con eso me bastaba.

Tu amistad no era normal. Me enseñó a no confiar en las tarjetas bonitas y superficiales, en los mensajes cursis, en los saludos small talk y en la gente que no se queja nunca. 

¡Gracias!



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